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Descripción

Precio cada 100 g. El valor final se calcula según el peso real de la pieza (entre 150 y 300 g aprox.).

Es probablemente el queso de corteza blanca más conocido del mundo, y una buena puerta de entrada para quien recién empieza a armar tablas. Al cortarlo, la corteza aterciopelada deja ver una pasta color marfil que, a temperatura ambiente, empieza a ceder hasta volverse casi untable.

El sabor es lácteo y amable, con notas de manteca y ese recuerdo a hongos frescos que suele aportar la corteza, que también se come. Más joven, se mantiene suave y algo firme en el centro; con el paso de los días gana cremosidad y un gusto más profundo, así que vale la pena probarlo en distintos momentos.

Conviene sacarlo de la heladera al menos media hora antes de servir. Va muy bien con uvas, peras o higos, un hilo de miel y nueces. Apenas tibio en el horno, se vuelve perfecto para untar sobre pan.

Perfil: Cremoso · Lácteo · Mantecoso · Suave

Ideal para: Una tabla con frutas frescas, nueces y miel, o tibio al horno para untar.

Viene fraccionado y sellado al vacío.

Recomendación: retiralo de la heladera y del envase al vacío unos 15 minutos antes de servirlo. Ese tiempo a temperatura ambiente ayuda a que recupere su textura y exprese mejor sus aromas y sabores.